El informe presentado por Abdoulaye Fall, presidente de la Federación Senegalesa de Fútbol (FSF), ante responsables políticos y militares, así como los medios de comunicación senegaleses, está lleno de enseñanzas. Un relato cuidadosamente elaborado, que oscila entre una postura victimista y una demostración de virilidad institucional, donde Marruecos asume el papel del poderoso manipulador y Senegal el del valiente resistente. Sin embargo, revela las maniobras y la responsabilidad de la FSF en el caos de la final de la CAN. Análisis. DR ‹ › Escuchar al presidente de la Federación Senegalesa de Fútbol sugiere que la final de la CAN no solo se disputó en el campo, sino también en un terreno de influencias. Según él, Rabat, con sus contactos en la CAF y una supuesta incapacidad de otras federaciones para oponerse, habría tenido la ventaja. Esta narrativa resulta atractiva para una opinión pública acostumbrada a teorías conspirativas. «Nunca un país se había opuesto tanto a Marruecos. Porque ellos tienen la vicepresidencia de la CAF, cuentan con recursos y ciertos países no se atreven a desafiar su voluntad, nadie se atreve a enfrentarse a ellos», afirma. ? Insécurité, Arbitre, Acto Pape Thiaw - El Presidente de la Fédé Hace Grandes Revelaciones... ? Seneweb pic.twitter.com/3oHN7zFSpc — Kilifeuu Guii (@KiliFeuu) January 24, 2026 Este discurso, repetido y enfatizado, dibuja una dicotomía: Marruecos, seguro de su poder, frente a un Senegal disidente, otorgando al conflicto una dimensión política. Sin embargo, este relato se desmorona al analizar los detalles. El presidente de la FSF admite que la mayoría de los problemas que denuncia fueron resueltos, a menudo a su solicitud, y en ocasiones en condiciones que él mismo califica de excepcionales. Revela que fue recibido por Faouzi Lekjaa, presidente de la FRMF, en su oficina en el Ministerio de Finanzas. Afirma que todas sus demandas fueron satisfechas: refuerzo de la seguridad, un campo de entrenamiento alternativo, entradas en palcos VIP e incluso en el palco real. En estas condiciones, resulta difícil sostener la idea de un Marruecos insensible a las demandas senegalesas o de una CAF completamente sometida a Rabat. Seguridad: una versión contradicha por las imágenes Uno de los puntos centrales del discurso de Fall se refiere a la llegada del equipo senegalés a Rabat, donde menciona «cero encuadre, ninguna seguridad». Esta afirmación es, en realidad, falsa. ?? Los aficionados de los Leones vinieron a recibir a su equipo en la estación de Rabat Agdal.#CAN2025 #AFCON2025 #SENMAR pic.twitter.com/QO1QCCpT1o — Brut Afrique (@BrutAfrique) January 16, 2026 Las imágenes ampliamente difundidas muestran, por el contrario, la presencia de varios vehículos policiales y dos camionetas escoltando al autobús senegalés desde la estación de Rabat-Agdal. Cabe recordar que esta versión fue desmentida por Yabiladi, al publicar el comunicado de la FSF que contribuyó al mini-caos observado ese día, al precisar la hora exacta de llegada del TGV para ser recibido por el mayor número de aficionados senegaleses. CAN: La Federación Senegalesa se queja del caos de sus aficionados que ella misma había invitado Hotel inadecuado, elección asumida Otro reconocimiento notable: el hotel reservado por la FSF para dos noches en Rabat no era adecuado. Demasiado céntrico, demasiado ruidoso. «Un equipo de la talla de Senegal no va a alojarse allí», afirma Fall con suficiencia sobre un hotel de 4 estrellas homologado por la CAF y donde se han alojado varios equipos de paso por Rabat. Este detalle es crucial. Demuestra que la elección inicial fue de la federación senegalesa, que tuvo la opción entre varios hoteles propuestos por la CAF. Sin embargo, la responsabilidad se desplaza inmediatamente hacia Marruecos, como si el error logístico debiera necesariamente encontrar un culpable externo. La misma lógica se aplica al campo de entrenamiento. Fall reconoce que el complejo Mohammed VI es «ultramoderno». Pero explica haberlo rechazado no por razones técnicas, sino por temor a estar «expuesto», visible para los marroquíes. Una elección estratégica, asumida, que Faouzi Lekjaa acepta sin resistencia al validar la nueva elección de campo. Otro detalle logístico nacido del cambio de última hora de la federación senegalesa que, incluso después de haber encontrado una solución satisfactoria, se exagera una semana después de la final. Arbitraje: de la sospecha al complot El único punto sobre el que Fall afirma haber quedado «impotente» concierne a la elección del árbitro. El discurso se desliza entonces del reproche procedimental a una forma de conspiracionismo asumido. Señala un retraso en la designación que presenta como una maniobra deliberada destinada a impedir cualquier recusación en los plazos reglamentarios. No se presenta ninguna prueba. Pero la convicción se afirma como una certeza. La carta de protesta, preparada incluso antes de la final y enviada durante el partido, se inscribe en esta lógica de desafío permanente, donde la protesta se convierte en una herramienta de presión más que en un recurso reglamentario. Responsabilidad de la FSF asumida en la retirada decidida por Pape Thiaw Sobre el incidente mayor de la final, Abdoulaye Fall da un paso que muchos habrían evitado: asume la responsabilidad institucional del acto realizado por el seleccionador Pape Thiaw, anunciando un apoyo total. Más grave aún, cita a ministros senegaleses que habrían estado alineados con la estrategia de la FSF, evidenciando una injerencia política en el desarrollo del partido. La postura firme y satisfecha del presidente de la FSF plantea una pregunta central: ¿la CAF tendrá en cuenta este reconocimiento de responsabilidad en la evaluación de las sanciones disciplinarias por venir? La secuencia del comunicado del viernes, de la amenaza de no jugar la final, luego del cambio de postura una vez satisfechas las exigencias, ilumina todo el dispositivo. Se trata menos de un conflicto deportivo que de una operación de presión, llevada a cabo públicamente, con la opinión senegalesa como testigo y palanca. Un pulso que está pensado, escenificado e instrumentalizado para redefinir una relación de fuerzas. Marruecos, país organizador, se convierte así en el adversario ideal, la CAF en el cómplice, la final como terreno de juego y la copa como moneda de cambio. Cara, Marruecos pierde; cruz, Senegal gana.