Poseedor del récord Guinness por la travesía más rápida entre Egipto y Arabia Saudita, el nadador marroquí Hassan Baraka explora otra dimensión de la fuerza mental en cada una de sus aventuras desde 2009. Más allá del rendimiento físico, ofrece un relato de vida inagotable, del cual narra la segunda parte en «El poder del frío», mientras arroja luz sobre cuestiones de la medicina alternativa. Hassan Baraka ‹ › Hassan Baraka, conocido por su récord mundial en la travesía más rápida entre Egipto y Arabia Saudita y por ser el primer nadador marroquí y el más joven del mundo en conectar los cinco continentes a nado en 2014, comparte su inspiradora historia en «La fuerza del fracaso». Este libro cubre sus hazañas inéditas entre 2009 y 2017. Este año, regresa con una continuación independiente titulada «El poder del frío», que extiende su relato hasta 2024. Para Baraka, la actividad física y la escritura son dos caras de la misma moneda introspectiva. «Cuando nado solo en alta mar durante diez, once o incluso dieciséis horas, estoy en constante introspección. Aprendo a conocer mis fortalezas y debilidades, y creo que ese es el secreto de mi éxito», comenta a Yabiladi. «No soy ni el más fuerte ni el más rápido de los nadadores, pero tengo una fuerza mental que me permite nadar en cualquier circunstancia, incluso cuando un tiburón me rodea, como ocurrió en el Mar Rojo. También puedo nadar en aguas heladas a -1°C, con una temperatura ambiente de -20°C. Son mis desafíos deportivos los que me han permitido esta introspección. A través de mis autobiografías deportivas, comparto los secretos, los ingredientes de mi éxito: la conexión con el momento presente.» Hassan Baraka Una dimensión terapéutica Según Baraka, este elemento clave «permite realizar hazañas inicialmente insospechadas». Durante sus desafíos, ha experimentado momentos en los que se ha superado a sí mismo sin ser consciente de ello. Recuerda con especial claridad su travesía del Mar Rojo. «Cuando vi un tiburón cerca de mí, mi cerebro quiso desconectarse para protegerme. Así que nadé automáticamente y mis brazos se movieron durante cuatro horas. No tengo recuerdo de lo que pasó en ese tiempo», relata. También experimentó esta desconexión durante su travesía del Canal de la Mancha, que duró cerca de 16 horas. «Es lo que hace que desarrolle toda esta imaginación, cuando logro disociar mi cuerpo y mi mente. La idea de todos mis libros, las autobiografías deportivas o el cuento iniciático que he firmado, emerge en esos momentos.» Hassan Baraka En el Canal de la Mancha, o incluso en el Polo Norte, las condiciones son extremas. El cuerpo se siente casi llevado, con «la impresión de flotar». En su segunda autobiografía deportiva, Baraka explora estas cuestiones, abordando especialmente la dimensión médica del «poder del frío». «La inmunidad se desarrolla gracias a este factor, que estimula la circulación sanguínea y la secreción de hormonas, incluidas las endorfinas», explica. También destaca los beneficios de nadar en agua fría sobre la depresión. «Tus órganos vitales, el corazón, los pulmones y el cerebro, se activan. Estudios sobre la molécula BDNF también han mostrado cómo se favorece la formación de nuevas sinapsis, lo que ayuda a evitar los riesgos aumentados de neurodegeneración, como el Alzheimer, Parkinson, etc.», añade Baraka. Una dimensión espiritual Más allá de la escritura y los desafíos individuales, Baraka vive la natación en agua fría como una experiencia espiritual. «Soy piadoso, siento esta espiritualidad durante mi oración, pero siento otra conexión con el universo y con Dios cuando estoy en el agua. Soy mecido por las olas. Tengo la impresión de estar en un líquido amniótico. Es una introspección llena de sensaciones que hacen el paralelo con muchas cosas», confiesa. «Mi cuerpo es la superficie del océano y si miro por encima de mí, tengo la impresión de que el mundo es infinito porque encima de mí, mientras nado, veo el cielo, veo el espacio, veo los planetas, imagino que hay estrellas. Me digo que el universo que hay por explorar es infinito. De la misma manera, cuando veo debajo de mí, es decir, en mí, veo que hay células, un mundo infinito, estoy convencido de que en mí, tengo un universo entero (...) Encuentro que, dado que Dios nos creó a su imagen, tenemos una parte de poder creador en nosotros porque somos criaturas de Dios.» Hassan Baraka El nadador transmite este trabajo introspectivo a través de un evento que organiza él mismo en el Atlas. Desde hace casi diez años, el Ice Swimming Morocco reúne a participantes de varios países. «Durante la segunda edición, un participante belga de 81 años me abordó. Me dijo que llevaba 60 años nadando en agua helada y que llevaba 60 años sin ir al médico. Es también por eso que quise interesarme en los beneficios científicos del frío y no solo en la práctica deportiva», nos confía el autor. Para deportistas y no iniciados La obra de Hassan Baraka se dirige «a toda persona en busca de sentido, de disciplina interior y de superación». En este sentido, afirma que incluso los jóvenes muestran un interés creciente. «Durante el Ice Swimming Morocco, hacemos pequeñas inmersiones con adolescentes de 16 años, iniciados con mi acompañamiento. Lo fundamental sigue siendo soltar, con la respiración y la meditación», explica. Según Baraka, «soltar hace sentir una cierta incomodidad al principio, que luego se transforma en bienestar». «Para aprovechar los beneficios, no se debe exceder una decena de minutos, a riesgo de sufrir una hipotermia severa. Si el cuerpo alcanza una temperatura de 30°C, se está expuesto a un paro cardíaco. Todo está en el justo medio: hay ventajas en pasar menos de 5 minutos, entre 5 y 10 minutos máximo en agua fría.» Hassan Baraka Entre el trabajo físico y mental que esta inmersión requiere, la obra del nadador busca «responder a preguntas fundamentales: ¿quién soy y por qué soy?».