El Instituto para el Diálogo Estratégico, con sede en Londres, indica que Marruecos ofrece una experiencia única al utilizar la religión como herramienta de diplomacia. Los atentados terroristas de Casablanca en 2003 marcaron un punto de inflexión, incitando al reino a lanzar un programa de reformas centrado en el justo medio y la influencia religiosa, tanto a nivel nacional como internacional. DR ‹ › El Instituto de Diálogo Estratégico de Londres presentó ayer un informe que examina la diplomacia religiosa en Marruecos. Bajo el título «Diplomacia religiosa en Marruecos: poder blando, soberanía y política de la fe», el documento revela que los atentados terroristas en Casablanca en 2003 expusieron debilidades en la estructura religiosa del país, impulsando a Marruecos a implementar un programa de reformas religiosas. Este plan se centra en la centralización de la autoridad, la expansión de la influencia religiosa y la promoción de un discurso moderado. El informe subraya que estos esfuerzos han trascendido las fronteras nacionales, especialmente en África subsahariana y Europa, a través de instituciones como el Instituto Mohammed VI para la Formación de Imames, Morchidines y Morchidates, y la Liga Mohammedia de Ulemas. El análisis detalla la estructura religiosa marroquí, fundamentada en el rito de jurisprudencia malikí asharita con elementos de sufismo espiritual. Este modelo, que prioriza la moderación y la tolerancia, se diferencia de las interpretaciones más rigoristas o politizadas, distinguiéndose de algunas corrientes salafistas. El informe también resalta la singularidad del islam marroquí, caracterizado por una simbiosis entre religión y Estado. En este contexto, el rey asume los roles de jefe de Estado y «comandante de los creyentes», lo que permite al país ampliar su influencia religiosa tanto a nivel nacional como internacional. Una influencia en el exterior El documento destaca que la diplomacia religiosa ha cobrado relevancia en las últimas décadas, convirtiéndose en una herramienta estratégica casi oficial en las relaciones internacionales. Marruecos se erige como un ejemplo notable de esta tendencia, donde religión, influencia y política exterior se entrelazan. En Marruecos, la religión ha sido un pilar de la unidad nacional y la estabilidad política, más allá de su dimensión cultural o espiritual. Es un elemento central en la gestión de los asuntos públicos, siendo crucial el papel del comandante de los creyentes. Esta dinámica fusiona autoridad religiosa y liderazgo político, a diferencia de muchos países islámicos donde estas dos instituciones están separadas. No obstante, Marruecos no es el único actor en el ámbito de la diplomacia religiosa. Otros países también utilizan la religión para fortalecer su influencia. Argelia, por ejemplo, se apoya en sus redes sufíes para contrarrestar la presencia marroquí. Egipto explota su prestigio académico y la referencia mundial de Al-Azhar, mientras que Turquía emplea la Dirección de Asuntos Religiosos para financiar mezquitas y apoyar la educación religiosa en el extranjero, alineándose con su visión geopolítica. Según el informe, la diplomacia religiosa marroquí en África se percibe como una extensión de una estrategia global de poder blando, que entrelaza teología y geopolítica. Esta estrategia busca establecer a Marruecos como una referencia religiosa, y por ende política, en el continente. El informe señala que mediante la formación de imames, el establecimiento de instituciones religiosas y el compromiso en el diálogo interreligioso, Marruecos se esfuerza por contrarrestar las ideologías extremistas, mejorar la estabilidad regional y construir alianzas estratégicas, paralelamente a una expansión de la influencia política, las asociaciones económicas y el liderazgo cultural. Además, el informe destaca que estas iniciativas han fortalecido las relaciones con países africanos, impactando positivamente en el apoyo diplomático, incluyendo el aislamiento del Frente Polisario separatista. La implicación directa del rey en este ámbito—mediante la inauguración de mezquitas, la distribución de coranes y la recepción de líderes religiosos—añade una fuerte carga simbólica. Fortalezas y desafíos del modelo marroquí El informe concluye que la fortaleza del modelo marroquí radica en la cohesión de su referencia religiosa. Una autoridad religiosa unificada limita las vacilaciones interpretativas y permite una planificación coherente. La dinámica institucional, desde la centralidad de las fatwas hasta la educación religiosa, constituye un punto fuerte, además del liderazgo simbólico del comandante de los creyentes, que encarna autoridad y credibilidad. El contexto histórico y político de la diplomacia religiosa en Marruecos revela una interacción compleja entre teología, gobernanza y estrategia internacional. La religión es un elemento central en la construcción de la identidad nacional y la legitimidad política. Frente a los desafíos de la competencia regional, la diversidad de referencias y las presiones internacionales, la diplomacia religiosa seguirá siendo una herramienta esencial para moldear la trayectoria nacional e internacional del reino. El informe también identifica algunos desafíos. Señala la tensión entre la visión oficial del «islam moderado» y los relatos de los grupos yihadistas, que utilizan la religión para justificar la violencia. Según el documento, la normalización de relaciones con Israel ha generado además debate. Algunos críticos consideran este paso como contrario a los principios de justicia a favor de la causa palestina, afectando las cuestiones de legitimidad y aceptación de las políticas religiosas extranjeras de Marruecos. El informe también sugiere que la centralización de la autoridad religiosa puede limitar el pluralismo interpretativo. La cuestión sigue siendo encontrar un equilibrio entre los intereses estratégicos y el compromiso religioso auténtico, asegurando que la presencia religiosa externa de Marruecos no sea percibida únicamente como una herramienta pragmática.