La cuestión del Sáhara Occidental ocupa un lugar central en el debate político español. Recibe una nueva perspectiva a través de un informe publicado por el Instituto Real Elcano, que analiza la evolución de la posición de Madrid: desde la defensa del principio de autodeterminación en una perspectiva de independencia hasta un apoyo explícito a una solución basada en la autonomía. DR ‹ › La opinión pública española sigue siendo mayoritariamente favorable al derecho de autodeterminación del Sáhara Occidental, según un reciente informe del Instituto Real Elcano. Esta postura se debe a una histórica solidaridad con el pueblo saharaui, combinada con una relación frecuentemente ambivalente, e incluso conflictiva, con Marruecos. Los resultados de una encuesta de opinión realizada en julio por Elcano confirman esta tendencia. No obstante, esta simpatía popular siempre ha estado condicionada, en el ámbito diplomático, por prioridades como la estabilidad del sur, la defensa de los intereses estratégicos de España y el equilibrio de poder a nivel regional e internacional. Desde la retirada en 1975, en un contexto de transición post-dictadura y fragilidad interna, España ha adoptado un enfoque pragmático del «mal menor». Incapaz de imponer una solución acorde a sus preferencias y preocupada por evitar una confrontación armada con Marruecos, Madrid ha priorizado la protección de sus intereses esenciales, especialmente la seguridad de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. Esta lógica ha perdurado bajo los sucesivos gobiernos democráticos, que durante casi cuarenta y cinco años han mantenido una postura oficialmente neutral, centrada en el apoyo al proceso de la ONU y evitando cualquier confrontación directa con Rabat. Como señala el Instituto Elcano, «España no tenía ni la motivación ni el apoyo internacional necesarios para» imponer su postura. Esta neutralidad de principio se explica por varios factores estructurales: la importancia estratégica de Marruecos en términos de seguridad, gestión de flujos migratorios y cooperación antiterrorista; el temor a la aparición de un Estado saharaui frágil y dependiente; la persistente rivalidad entre Rabat y Argel; y, finalmente, la capacidad limitada de España para influir en un conflicto moldeado por la realidad sobre el terreno y por las decisiones de las grandes potencias. Por otro lado, el bloque soviético también adoptó una actitud cautelosa. A pesar de la afinidad ideológica entre Argelia y el campo socialista, Moscú evitó cualquier confrontación directa con Rabat, en parte gracias a la habilidad diplomática de Marruecos. La mayoría de los países del Pacto de Varsovia se abstuvieron durante las votaciones en las Naciones Unidas en diciembre de 1975, mostrando una neutralidad que, de facto, favorecía los intereses marroquíes, recuerda el Instituto Elcano. Alemania abrió el camino a España Progresivamente, la evolución demográfica, militar y diplomática sobre el terreno ha consolidado la posición de Marruecos, mientras que el apoyo internacional al Polisario se ha erosionado considerablemente. El punto de inflexión llegó en marzo de 2022, cuando el gobierno español calificó el plan marroquí de autonomía como «la propuesta más seria, realista y creíble», en línea con este pragmatismo. Refleja tanto la consolidación internacional de la solución marroquí desde 2020, la parálisis duradera del proceso de la ONU y la voluntad de Madrid de poner fin a una fase de tensiones agudas con Rabat, ilustrada especialmente por la crisis migratoria de Ceuta en mayo de 2021. Esta elección, políticamente costosa a nivel interno y desestabilizadora en la relación con Argelia, busca principalmente restablecer relaciones funcionales con un vecino considerado imprescindible. Sin embargo, ninguna formación política que apoya al primer ministro Pedro Sánchez ha amenazado con censurar al Ejecutivo. Todos los aliados del Polisario se han limitado a votar resoluciones no vinculantes condenando el «giro» anunciado el 18 de marzo de 2022. A pesar de este cambio significativo, un elemento fundamental permanece inalterado: España sigue defendiendo el principio de autodeterminación, pero ahora lo enmarca en una perspectiva de autonomía en lugar de independencia. Esta posición, hoy compartida por la mayoría de los socios occidentales, abre teóricamente un margen de maniobra para promover una autonomía saharaui creíble y acompañada de garantías efectivas, constata Elcano. Para recordar, esta «inflexión» operada por Madrid fue precedida por un apoyo explícito de Alemania, verdadero motor económico y político dentro de la Unión Europea. Este fue formalizado el 13 de diciembre de 2021 en un comunicado del Ministerio Alemán de Asuntos Exteriores, y luego reafirmado el 5 de enero de 2022 en un mensaje del presidente alemán dirigido al rey Mohammed VI. Este apoyo de Berlín ha animado a varios Estados miembros de la UE a seguir la misma dinámica, incluida España.