La rivalidad entre Marruecos y Argelia se ha extendido más allá de la política para abarcar las esferas económica y diplomática, con ambos países utilizando la energía, el comercio y la migración para ganar influencia, según el centro de estudios estadounidense Carnegie Endowment for International Peace. Su competencia también se extiende a la región del Sahel. La histórica rivalidad entre Marruecos y Argelia ha superado las barreras tradicionales de la política y lo militar, extendiéndose ahora a los ámbitos económico y diplomático, según revela un reciente análisis del Carnegie Endowment for International Peace. Ambos países vecinos están utilizando cada vez más el comercio y el sector energético como herramientas para consolidar su influencia, forjar nuevas alianzas y ejercer presión sobre las naciones europeas, explica Hamza Meddeb, investigador del Malcolm H. Kerr Carnegie Middle East Center. Estrategia estatal a través de la energía y el comercio Según este think tank estadounidense, Argelia ha redefinido su posición geopolítica alineando sus importaciones alimentarias y exportaciones energéticas con sus intereses estratégicos. Este cambio se hizo especialmente evidente en 2021, cuando Argelia suspendió sus exportaciones de gas a España a través de Marruecos, en medio de crecientes tensiones por el Sahara Occidental. Posteriormente, el gobierno argelino restringió las importaciones de productos y servicios españoles. Además, Argel ha utilizado la política comercial como herramienta diplomática, especialmente al reducir sus importaciones de trigo francés después de que París reconociera la soberanía marroquí sobre el Sahara. Por su parte, Marruecos está apostando por las energías renovables como pilar de su estrategia geopolítica. «Rabat ha sabido capitalizar la transición energética europea y los cambios de alianzas para posicionarse como un socio fiable, líder en energías renovables y futuro centro de tránsito para el gas de África Occidental», destaca el informe. En el corazón de esta estrategia se encuentra el proyecto del gasoducto Nigeria-Marruecos, que compite con el gasoducto transahariano argelino, previsto desde 2002 para transportar el gas nigeriano hacia Europa a través de Argelia y Níger. La política migratoria también se ha convertido en un eje central de la estrategia marroquí. Rabat ha utilizado el control migratorio y las inversiones en infraestructuras para reforzar su influencia diplomática. España apoyó el plan de autonomía de Marruecos en 2022, seguida por Francia que reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental en 2024, decisiones influenciadas por la cooperación marroquí en materia de seguridad fronteriza y el acceso a sus mercados en expansión. «Este cambio de posición se explica por el deseo de Madrid de asegurar la cooperación de Rabat para frenar el flujo de migrantes irregulares hacia las enclaves españolas de Ceuta y Melilla, así como hacia las Islas Canarias, en 2020 y 2021», señala el think tank. Creciente rivalidad en el Sahel A medida que su rivalidad se extiende hacia el sur, ambos países buscan aumentar su influencia en la frágil región del Sahel. Argelia, sintiéndose cada vez más aislada, ha intentado crear un bloque magrebí excluyendo a Marruecos. En abril de 2024, organizó una cumbre de alto nivel en Túnez con Libia y Túnez, presentada como una respuesta a la inestabilidad regional, pero percibida como un intento de afirmar su liderazgo regional y marginar a Rabat. Marruecos, por su parte, lanzó la Iniciativa Atlántica en 2023, destinada a ofrecer a los países sahelianos sin salida al mar, como Mali, Níger y Burkina Faso, un acceso directo a las rutas comerciales atlánticas a través de los puertos marroquíes. No obstante, el informe advierte que «Marruecos debe demostrar que su plan no solo es económicamente viable, sino que también tiene un valor político duradero, en lugar de estar simplemente motivado por su rivalidad con Argelia». El informe concluye que Marruecos y Argelia «persiguen estrategias distintas y calculadas para imponerse como potencias dominantes». Sin embargo, al actuar de esta manera, corren el riesgo de exportar su rivalidad hacia regiones ya inestables como el Sahel, exacerbando las tensiones y amenazando la estabilidad regional.