Tres años antes de la proclamación oficial del protectorado español en la zona norte de Marruecos, el ejército del rey Alfonso XIII sufrió un revés frente a los combatientes rifeños, aunque esto no alteró las aspiraciones de España sobre la región. Unas ambiciones que ya habían sido anunciadas y aprobadas en la declaración franco-británica de 1904. Temps de lecture: 2' Doce años antes de la célebre batalla de Anoual en 1921, España enfrentó su primera gran derrota en suelo marroquí. Entre el 9 y el 27 de julio de 1909, las escarpadas montañas del Rif se convirtieron en el escenario de intensos combates entre las tropas de Alfonso XIII y los combatientes de las tribus locales, que se oponían al proyecto de construcción de un ferrocarril para conectar las minas de hierro y plomo de Selouane con Melilla. Los rifeños nunca aceptaron las concesiones otorgadas a la Compañía Española de Minas del Rif S.A. por Jilali Ben Driss Zerhouni El Youssouf, conocido como «Bou Hmara» (el hombre de la burra), quien afirmaba ser hermano del rey Moulay El Hassan I. Estas concesiones fueron la chispa que encendió el final de la rebelión de este pretendiente al trono. Expulsado de su cuartel general en la Qasbah de Selouane por las tribus que lo acusaban de «vender las tierras al extranjero», intentó refugiarse en Taza. Esta maniobra le costó caro, ya que el 22 de agosto de 1909, sus fuerzas sufrieron una severa derrota a manos del ejército del sultán Moulay Abdelhafid, respaldado por asesores franceses. Dieciocho días de enfrentamientos El conflicto entre «Bou Hmara» y Moulay Abdelhafid no capturó el interés de las tribus rifeñas, más preocupadas por la explotación del subsuelo regional por parte de los españoles. Vigilaban de cerca el progreso de las obras ferroviarias. Durante una de estas operaciones de vigilancia, seis rifeños fueron arrestados por militares españoles, provocando una serie de enfrentamientos que se extendieron por 18 días. El 9 de julio de 1909, las tribus declararon la guerra santa y lanzaron una serie de ataques contra los intereses industriales españoles en la región. Ante esta nueva amenaza, el gobierno de Antonio Maura decidió enviar refuerzos, sumando entre 30,000 y 40,000 soldados a las tropas del general Marina, comandante en Melilla, con el fin de proteger la ciudad de un posible asalto rifeño. Los días 18, 20 y 22 de julio de 1909, el ejército español intentó frenar los ataques de los combatientes marroquíes. El 27 de julio se libró la gran batalla del «Barranco del Lobo», que resultó en la pérdida de entre 700 y 1,000 soldados españoles, incluyendo al general Guillermo Pintos. Historiadores españoles consideran esta derrota un «desastre», comparable al de Anoual.