Si bien los hombres tienen fama de ser mujeriegos, las damas tampoco son santas. Hoy en día, el adulterio ya no es un mundo totalmente masculino: las mujeres lo practican cada vez más. ¡Solo que las razones son diferentes! Entonces, ¿qué lleva a una dama a buscar en otros lugares? «Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus». Es bien sabido que somos fisiológicamente diferentes. Un sitio web especializado en encuentros extramaritales realizó una investigación para descubrir qué buscan las mujeres casadas. El 48% de ellas afirmó que busca emoción, mientras que el 23% lo hace simplemente para sentirse cortejadas. Nabila se identifica con esta última categoría: «No sé si se puede llamar engaño, pero a menudo me dejo cortejar por hombres; eso eleva mi autoestima». En la misma línea, Samia comparte su experiencia: «Mi marido casi no me presta atención. La mirada de un hombre que me desea me encanta, pero no voy más allá». Muchas mujeres buscan poner a prueba su poder de seducción y reafirmar su feminidad. Podríamos estar tentadas a culpar a nuestros hombres. Los magrebíes no son especialmente conocidos por su romanticismo y atención. Sin embargo, muchas mujeres se embarcan en una aventura por pura venganza. «Tenía que hacerlo, de lo contrario, nunca le habría perdonado su desliz», nos confiesa Leila. En otros casos, lo hacen para captar la atención de su cónyuge: «Sé que mi hombre es un mujeriego. El día que fingí hacer lo mismo, me demostró que me amaba». ¿Es más grave? En nuestra sociedad magrebí, se tiende a justificar que un hombre engañe. Se considera que, siendo viril, no puede conformarse con una sola mujer. Incluso en este ámbito, estamos lejos de la igualdad. Si un hombre busca fuera, se dice que es porque no encontró lo que necesitaba en casa; la culpa recae en su esposa. Pero si una mujer engaña, sigue siendo su culpa. Una mujer que engaña mancha el honor de su familia y su hogar, mientras que un hombre con múltiples conquistas solo refuerza su virilidad. Impactante, ¿verdad? Para estos señores, la situación es aún más grave: al engañar, una mujer acusa a su marido de no ser viril y, por tanto, de no satisfacerla en la intimidad. Más grave aún, dado que son las mujeres quienes llevan a los hijos, estos hombres pueden llegar a dudar de su paternidad. Nuestra religión no justifica el adulterio, ni para hombres ni para mujeres. Si bien las mujeres engañan cada vez más, ¡no lo llevan bien! Las estadísticas indican que más del 80% de ellas terminan confesando su desliz a su cónyuge. Las demás se arrepienten igualmente, pero temen romper su matrimonio. Quizás las mujeres han alcanzado a los hombres en este mundo paralelo a la vida en pareja, pero eso no significa que se haya vuelto sistemático. Ustedes, si me leen, cuiden de sus mujeres antes de que alguien más lo haga... ¡A buen entendedor!