Enriquecida por el saber hacer árabe-musulmán en la península ibérica, la fabricación de seda en Al-Ándalus constituye una industria única en su género en la Europa medieval. Su singularidad en la producción textil de su época le confirió un papel dinámico y fundamental en la economía de los califatos musulmanes, hasta los gobernantes nazaríes de Granada, desde el siglo XIII hasta el XV. Tela proveniente del taller textil real de Córdoba, confeccionada para el califa omeya Hisham II. ‹ › Durante el periodo de los Nasridas (1237 – 1492), Al-Ándalus vivió un auge económico notable entre los siglos XIII y XV, impulsado por diversos sectores. El comercio y la agricultura se beneficiaron de los avances científicos y botánicos de la época. La industria también prosperó en este entorno dinámico, extendiéndose hasta el periodo morisco del siglo XVI, a pesar de la caída de Granada en 1492, el último bastión musulmán en la península ibérica. Esta prosperidad facilitó el surgimiento y la estructuración de numerosos oficios, especialmente en el ámbito textil, como el tejido y el bordado. Entre todos estos conocimientos, la producción de seda otorgó a Al-Ándalus un lugar destacado en la Europa medieval. Además de reflejar la astucia de las familias comerciantes, la singularidad de esta industria simboliza el avance cualitativo de la actividad agrícola en la península ibérica, impactando directamente en la calidad de los hilos tejidos, tal como señala el investigador José María Moreno Narganes de la Universidad de Alicante en su estudio «El tejido en casa: actividades textiles y espacios domésticos en Al-Ándalus (siglos XII-XIII)». La evolución del sector primario influyó en la producción de una tela muy valorada por las élites, elevando los oficios textiles a la categoría de artesanía, combinando delicadeza con lujo y refinamiento. Historia: El textil, una actividad económica próspera en Al-Ándalus Una prosperidad económica que moldea la fabricación de la seda Según el análisis del profesor de Historia Eneko López Martínez de Marigorta, autor del artículo «Cómo Al-Ándalus se envolvió en un capullo de seda: el ṭirāz entre política económica omeya y comercio mediterráneo», este auge tiene sus raíces en un periodo anterior. Comienza en el siglo VIII, con la introducción del cultivo del gusano de seda por los Qaysis, quienes llegaron desde Mesopotamia para asentarse en las fértiles llanuras andaluzas. Allí encontraron una oportunidad en la producción agrícola de las alquerías, lo que permitió el cultivo de diversas plantas. Entre ellas, la morera se destacó como una de las más rentables. Los gusanos que se alimentan de ella se convirtieron en la base para obtener una materia prima de la más alta calidad. Los Qaysis dinamizaron estas explotaciones de alto valor comercial, dominando la sericicultura y perfeccionando su saber hacer mercantil, adquirido a través de sus vínculos con comerciantes del Lejano Oriente. La prosperidad de la producción serícola local fue así el secreto de la reputación de la seda de Granada, una de las más codiciadas de la región. Mientras que la demanda local se satisfacía con lana, lino y algodón, las sedas y los tejidos cortados eran privilegio de la alta sociedad, enriqueciendo la confección de piezas nobles como el terciopelo, el tafetán, el damasco, el brocado y el satén. Sin embargo, con el paso de los siglos, el declive del califato musulmán en la península ibérica marcó un giro político que impactó en los diferentes sectores económicos. Historia: Cómo el saber hacer árabe moldeó la agricultura de Al-Ándalus Hasta entonces, las luchas de poder no habían afectado al sector textil, a pesar del debilitamiento del reinado omeya a principios del siglo XI, seguido de un primer periodo de los Taifas. Más bien, se benefició de la reunificación de la península con la conquista almorávide de 1086 a 1147, fortaleciéndose mediante una política fiscal adaptada. Sin embargo, esta situación cambió con la llegada del siglo XV y el final de la Reconquista (722 – 1492). La caída de Al-Ándalus y el surgimiento de nuevas producciones Como revelan las investigaciones de Jorge Garrido López de la Universidad de Granada, la producción de materia prima en Granada se volvió más significativa que la de productos terminados, es decir, los tejidos. La confección de los hilos permitió abastecer a otros centros de producción que se convirtieron en principales, como los de Italia, donde esta industria experimentó un gran auge al final de la Edad Media. Este ciclo de actividad en la península refleja por sí mismo la transición política de la región, en un momento crucial que acompaña el declive del poder califal en Andalucía y el final del reinado nazarí. Pone en perspectiva el fin de un periodo que dará lugar a nuevas dinámicas económicas, marcadas por la integración de este territorio en otros centros de actividades productivas en Europa occidental. Estos cambios políticos y económicos regionales también estuvieron acompañados de una transformación en los procesos de fabricación de la seda, gracias a la innovación en las herramientas y la naturaleza de los materiales asociados a esta industria.