DR ‹ › La controversia en torno a la final de la CAN sigue sin resolverse. Un mes después de que Senegal se impusiera a Marruecos (1-0, tras la prórroga) en Rabat, nuevas revelaciones reavivan el debate sobre el arbitraje y la gestión disciplinaria del encuentro. Durante la reunión del comité ejecutivo de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), celebrada el pasado viernes en Dar es Salaam, Tanzania, el arbitraje de esta final generó fuertes tensiones. Según el medio catarí Winwin, Olivier Safari, presidente del comité de árbitros de la entidad, habría admitido que se dieron instrucciones para evitar sancionar a los jugadores senegaleses que abandonaron el campo al final del tiempo reglamentario. Este episodio sigue siendo uno de los momentos más polémicos del partido. Enfurecidos tras la anulación de un gol por una falta considerada dudosa sobre Achraf Hakimi, y luego tras la concesión de un penalti a Marruecos, varios jugadores senegaleses, alentados por su seleccionador Pape Thiaw, se retiraron a los vestuarios. El encuentro se interrumpió durante dieciséis minutos, en un clima de gran tensión, también marcado por incidentes en las gradas. Según las declaraciones atribuidas a Olivier Safari, cada jugador que abandonó el campo debería haber recibido una tarjeta amarilla a su regreso. Sin embargo, la directriz fue no aplicar estrictamente el reglamento para evitar una finalización prematura del partido. Esta decisión pone en entredicho la independencia y coherencia del arbitraje en un evento de tal relevancia para el fútbol africano. A finales de enero, la CAF impuso sanciones disciplinarias indulgentes a pesar de la gravedad de los hechos protagonizados por el equipo senegalés: una multa de 615.000 dólares, cinco partidos de suspensión para Pape Thiaw, y dos para Iliman Ndiaye e Ismaïla Sarr.