Tras años de investigaciones, un estudio de la Universidad de Córdoba sugiere una ubicación para Al-Madîna al-Zâhira, gracias al avance técnico. Esta «ciudad floreciente» de Al-Ándalus habría sido erigida en el siglo X en la Andalucía musulmana, antes de sucumbir bajo las batallas que se sucedieron en la región, para desaparecer de la topografía histórica. Sus contornos ahora se están redibujando, después de haber sido localizados en una veintena de lugares sin pruebas. La mezquita-catedral de Córdoba ‹ › Un lugar emblemático y testigo oculto del pasado musulmán de Córdoba, Al-Madîna al-Zâhira, ha permanecido durante mucho tiempo al margen de la topografía histórica de Al-Ándalus. Hasta ahora, la «ciudad floreciente» había sido ubicada en veintidós lugares diferentes de la región, pero sin evidencia tangible en el terreno. Así, toda una literatura ha alimentado el mito de esta ciudad, con relatos sesgados, parciales, incompletos o empíricamente infundados. Ahora, un estudio de la Universidad de Córdoba intenta llenar este vacío científico, utilizando nuevas técnicas de levantamientos aéreos aplicados a la arqueología. La ciudad, erigida en el siglo X y desaparecida en el XI, se ha situado habitualmente «a las puertas de Córdoba, al este». Esta hipótesis se ha basado principalmente en «una exégesis topográfica» inspirada en «fuentes literarias que, aunque útiles como evocaciones fácilmente accesibles, no estaban destinadas a este uso», escribe Antonio Monterroso Checa, autor del estudio para el Grupo de investigación «entorno arqueológico de Córdoba» dentro de la Unidad de investigación y transferencia en ciencias del patrimonio, en la Universidad de Córdoba. La tecnología láser revela una localización oculta En su publicación, el especialista destaca las ventajas de la tecnología láser (LiDAR), que ha permitido crear un mapa 3D del suelo, sumado a los levantamientos aéreos y las excavaciones realizadas durante décadas sin resultado. Según él, «la única prueba válida y validada posible para intentar localizar Al-Zahira son las anomalías físicas identificadas por los millones de puntos de datos, provenientes de un sensor embarcado en un pequeño avión». Estos datos han señalado hacia La Pendolilla, «uno de los vastos dominios reales situados al este de Córdoba» y que «alberga la yeguada real desde finales de la Edad Media». El autor plantea «la hipótesis de que los restos descubiertos en ese lugar podrían corresponder a la ciudad de al-Mansour [hajib de Hisham II]», gracias a los elementos recogidos a través de la tecnología LiDAR. Estos han indicado la presencia de los restos en estas colinas, cerca de Alcolea y a una docena de kilómetros de la Mezquita-Catedral de Córdoba. Los modelos digitales de elevación han revelado allí «una serie de anomalías del terreno que se extienden por más de 1,200 metros lineales, que corresponderían a estructuras urbanas enterradas». España: Murcia desentierra nuevos sitios intactos desde Al-Ándalus Según el estudio, los datos LiDAR muestran de hecho «irregularidades que atestiguan un conjunto arquitectónico ordenado, compuesto por edificios rectangulares y cuadrados dispuestos en terrazas». El plan urbano presenta «desviaciones respecto a la orientación general, algunos edificios están orientados hacia el sureste», lo que sugiere «una planificación intencional adaptada a la topografía local». Antonio Monterroso Checa presume que estos resultados «ofrecen una precisión suficiente para planificar futuras prospecciones geofísicas y posibles excavaciones». Una nueva brecha se abre para historiadores y arqueólogos Antonio Monterroso Checa escribe «que existe una base histórica y documental suficiente para proponer, como pista de investigación, que las anomalías reveladas por el LiDAR-IGN podrían ser identificadas con la ciudad». «Se trata ante todo de un sitio de aproximadamente 120 hectáreas, ocupando cuatro cimas y parte de una quinta, extendiéndose hacia el norte más allá». Su investigación arroja más luz que nunca sobre los vestigios de una ciudad que se remonta a 978, cuando al-hajib Al-Mansour, bajo el califa omeya Hisham II de Córdoba, decide establecer una nueva sede del gobierno en la orilla derecha del Guadalquivir. Traslada a su familia, sus funcionarios y su corte, a una ciudad que prosperará durante unos veinte años como centro administrativo y militar, hasta su saqueo en 1009, siete años después de la muerte de su fundador. La «ciudad floreciente» queda entonces enterrada para siempre, tras una revuelta que precede al primer periodo de las Taifas (1009-1091), que se extiende desde la caída de Córdoba (1031) hasta la llegada de los almorávides (1056-1147). Según Antonio Monterroso Checa, el nuevo estudio abre una nueva vía para la investigación arqueológica, que se basa en la precisión y la interpretación directa del terreno. El próximo paso sería «un estudio geofísico para confirmar la extensión y la estructura de los restos descubiertos».