En el marco de sus preparativos para acoger el Mundial 2030, Marruecos se embarca en el mayor programa de inversión en infraestructuras. Sin embargo, en un informe reciente, el FMI estimó que los beneficios económicos esperados de este programa dependerán de una ejecución eficaz, del control de costos y de una gestión prudente de los riesgos financieros. DR ‹ › Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) destaca que las infraestructuras han sido un pilar fundamental en la estrategia de desarrollo de Marruecos, impulsando la productividad, la competitividad y la integración económica desde mediados de la década de 2000. El análisis del documento revela que las mejoras tanto cuantitativas como cualitativas en infraestructuras, especialmente en telecomunicaciones y puertos, han contribuido a casi una quinta parte del crecimiento productivo del país desde 2005. Este porcentaje supera la media de los países de Oriente Medio y África del Norte, así como la de las naciones de ingresos medios. Las comparaciones de referencia subrayan la ventaja de Marruecos en indicadores cualitativos, como el índice de conectividad del transporte marítimo de línea, con el puerto de Tánger Med destacándose como el más grande del Mediterráneo y África en términos de capacidad. Además, la eficiencia del gasto en infraestructuras ha mejorado notablemente entre 1980 y 2010, posicionando a Marruecos por delante de muchos mercados emergentes. Marruecos planea acelerar las inversiones públicas en infraestructuras de transporte y turismo, estimadas en alrededor del 11,9% del PIB anual durante el período 2024-2030. Estas inversiones abarcarán ferrocarriles, aeropuertos, carreteras, así como la construcción y renovación de estadios. El modelo de financiación se caracteriza por una fuerte dependencia de los recursos nacionales. Las empresas públicas representan la mayor parte (7,4% del PIB), financiadas por préstamos locales y extranjeros a tasas preferenciales, seguidas de las colectividades locales (3,2% del PIB) a través de préstamos bancarios, y del Estado (1,4% del PIB) mediante reasignaciones presupuestarias. Según el modelo de equilibrio general dinámico del FMI, el escenario de inversión básico provocará un aumento del 2% del PIB real en comparación con el escenario sin inversión para 2030, y un incremento del 3% a largo plazo (después de 2031) gracias a los efectos de productividad. Por otro lado, se espera que la deuda pública aumente entre un 7% y un 8% del PIB hasta 2030. Luego comenzará a disminuir, gracias a las tarifas de uso de las infraestructuras y a un crecimiento más fuerte. El aumento de las tasas de interés podría frenar temporalmente la inversión privada, pero esta tendencia debería revertirse a medio plazo, con la mejora de la productividad. Principales riesgos en el horizonte El informe destaca cuatro riesgos principales que podrían amenazar la viabilidad económica de los proyectos de infraestructura. El primero es la eficiencia del gasto público, donde las simulaciones indican que una mejora del 20% en la eficiencia del gasto podría aumentar el PIB a largo plazo entre un 3,5% y un 4%, sin incrementar la deuda. Por el contrario, una disminución de la eficiencia en el mismo porcentaje limitaría las ganancias a solo un 2%-2,5%. Por lo tanto, la calidad del gasto es tan importante como su cantidad. El segundo riesgo se refiere a los sobrecostos. La experiencia internacional muestra que los grandes proyectos experimentan sobrecostos que van del 20% al 50%. En este sentido, el informe advierte que un escenario de sobrecostos del 30% no produciría ninguna ganancia adicional del PIB, pero elevaría los niveles de deuda pública entre un 2% y un 3% más que el escenario básico para 2034. El tercer riesgo concierne al mantenimiento y los pasivos contingentes. El modelo parte del supuesto de que las tarifas de uso post-2030 cubrirán tanto el servicio de la deuda como el mantenimiento. Sin embargo, cualquier déficit podría generar dificultades financieras significativas, especialmente dado que gran parte de la deuda no está registrada en el balance del Estado. El cuarto riesgo se refiere a la fuga de importaciones y la financiación mediante impuestos. Dado que una gran parte de las inversiones en infraestructuras (como los trenes de alta velocidad y los equipos aeroportuarios) es importada, el modelo supone que el 60% del gasto se destina a importaciones, limitando el efecto multiplicador sobre la demanda interna. Además, financiar las inversiones mediante un aumento de los impuestos al consumo (en lugar de préstamos) podría ejercer temporalmente presión sobre el consumo privado. El informe concluye que Marruecos ha logrado avances significativos en sus infraestructuras, especialmente en puertos y telecomunicaciones. No obstante, aprovechar el impulso de la organización del Mundial 2030 para realizar un salto en el desarrollo sostenible requiere una mejor gestión de las inversiones públicas, para mejorar la eficiencia del gasto, implementar controles de costos y anticipar los sobrecostos mediante una verificación independiente, un desembolso escalonado y un seguimiento en tiempo real. También será necesario integrar los costos de mantenimiento regular en el presupuesto para asegurar la sostenibilidad del capital público, además de monitorear de cerca las deudas de las empresas públicas y las colectividades locales, que no aparecen en las estadísticas de la deuda central pero que representan riesgos financieros.