La reciente Copa Africana de Naciones en Marruecos ha puesto de relieve las fortalezas y debilidades del enfoque de seguridad del país, especialmente durante los incidentes ocurridos en los partidos entre Argelia y Nigeria y en la final. Abderrahim Bourkia, experto en sociología del deporte, destaca la importancia de fortalecer la formación de los actores involucrados y de promover un periodismo deportivo más ético para preparar mejor a Marruecos para acoger futuros eventos internacionales. DR ‹ › ¿Qué nos dicen estos dos incidentes sobre la estrategia de seguridad que Marruecos implementó durante esta Copa Africana de Naciones (CAN), sus limitaciones y las lecciones que podemos aprender para futuros eventos? Para analizar estas dinámicas, Yabiladi entrevistó a Abderrahim Bourkia, profesor de sociología del deporte y de los medios en el Instituto de Ciencias del Deporte de la Universidad Hassan I de Settat y presidente de la Asociación Marroquí de Sociología del Deporte (MASS). ¿Cuál es su evaluación de las medidas de seguridad que Marruecos implementó durante la CAN? ¿Se evidenciaron fallos? Adoptamos un enfoque de seguridad flexible, similar al utilizado en grandes eventos en Europa y América del Norte. Este enfoque se caracteriza por una presencia policial limitada dentro de los estadios, el uso de vigilantes y personal de seguridad privada, y la intervención policial solo como último recurso para evitar la escalada. Este modelo demostró su eficacia en la mayoría de los partidos. No obstante, durante el encuentro entre Argelia y Nigeria, la situación se complicó. El modelo muestra sus límites cuando los espectadores pasan de ser meros aficionados a actores emocional o políticamente comprometidos. Esto se repitió en la final, donde los aficionados, al sentirse defensores patrióticos, reaccionaron ante una supuesta injusticia. Desde una perspectiva sociológica y de seguridad, estos incidentes plantean cuestiones cruciales sobre la eficacia y las limitaciones del protocolo de seguridad adoptado. En África, y en muchos contextos del tercer mundo, las multitudes a veces pueden pasar del apoyo a la violencia para influir en los resultados. Esto resulta de la interacción de factores sociales, colectivos y simbólicos, combinada con la presencia de actores malintencionados que buscan explotar la tensión y sembrar el caos. Estos individuos buscan perturbar los partidos, a menudo amplificados por los medios y las redes sociales a través de rumores o imágenes distorsionadas. Observamos que la intervención de la policía solo ocurrió cuando la situación estaba a punto de volverse incontrolable, después de que varios vigilantes resultaran heridos. ¿Se consideró la intervención policial como un último recurso en estas circunstancias? Sí, absolutamente. Cuando los aficionados comparten una definición colectiva de la situación que legitima la confrontación, su comportamiento evoluciona de la expresión emocional espontánea a una acción coordinada destinada a invadir el campo. Una vez que los mecanismos de regulación habituales de los vigilantes se revelan insuficientes, la autoridad coercitiva se convierte en el último recurso para restablecer el orden según las normas internacionales. La intervención de la policía se impone entonces para redefinir la situación, restablecer los límites y prevenir una nueva escalada. Durante la mayor parte del torneo, estas debilidades no afectaron la competencia. La organización se mantuvo estable, sin incidentes mayores. Sin embargo, durante la final, especialmente después del penalti, cuando los alborotadores intentaron arruinar el ambiente festivo, la falta de personal bien formado se hizo evidente. ¿Cree que se aplica un enfoque de seguridad diferente durante las competiciones internacionales en comparación con los partidos domésticos, como los de la Botola, donde la intervención policial es más rápida? Sí, la distinción es sutil pero crucial. El público y las intenciones son diferentes. En los partidos de Botola, el contexto es bien conocido, y la experiencia conduce a una intervención preventiva en lugar de esperar a que se produzca una escalada. Esto explica por qué la intervención es más rápida en el campeonato nacional. Durante los partidos Argelia-Nigeria y la final de la CAN, las acciones colectivas fueron significativamente diferentes. Algunos grupos de aficionados tenían objetivos deliberados de perturbación, más allá de la expresión de un descontento. Estos incidentes no pueden verse como desbordamientos emocionales espontáneos, sino como estrategias calculadas para socavar el evento y su legitimidad simbólica. ¿Qué lecciones puede extraer Marruecos de estos incidentes con vistas a acoger futuras grandes competiciones? Una inversión seria en capital humano es esencial, especialmente en la formación de los actores involucrados en la gestión de eventos. Necesitamos una educación profesional en gestión deportiva, en prevención de riesgos, y un periodismo deportivo que privilegie el mérito. Desde el punto de vista de la sociología del deporte y la ética de los medios, hay que reconocer que los medios amplifican las emociones y polarizan las opiniones. El sensacionalismo puede transformar el deporte en una confrontación simbólica. Debemos superar esto. Marruecos progresa, apoyado por instituciones sólidas y fuerzas sociales dinámicas. Sin embargo, parte del discurso mediático sigue atrapado en relatos de victimización que ya no reflejan la orientación estratégica del país. El futuro es prometedor, marcado por la ambición y la madurez institucional. También debemos promover la apertura al deporte, la cultura y la ciencia como herramientas contra la superstición y las creencias irracionales que podrían dañar nuestra imagen internacional.