La socióloga y periodista franco-marroquí Samia Chabani ha dedicado una parte de su trabajo a las diferentes generaciones de mujeres de la inmigración magrebí en Marsella. A través de archivos privados reunidos en una exposición, propone replantear el recorrido de las inmigrantes, especialmente las marroquíes, más allá de las ideas preconcebidas que reducen su movilidad a los reagrupamientos familiares. DR ‹ › Las primeras migrantes magrebíes en Francia han sido mucho más que amas de casa. Esto es lo que la socióloga y periodista franco-marroquí Samia Chabani se esfuerza por destacar, a través de un exhaustivo trabajo de documentación y archivos privados que relatan los recorridos migratorios de estas pioneras de la diversidad. En 2006, la fundadora de la asociación Ancrages ya había reunido estos relatos visuales en la exposición «Retratos de mujeres de la inmigración en Marsella». Veinte años después, bajo el título «Género, inmigración y compromiso», el evento se transforma en una muestra itinerante que se presenta en los Archivos Municipales de Marsella, del 6 de marzo al 4 de abril de 2026. Además de sacar estos testimonios de la sombra, la activista busca anclar este relato en el presente, asociando la mirada del fotógrafo franco-vietnamita Mathieu DoDuc. «Es un trabajo de contranarrativa para permitir a nuestras hijas identificarse con ejemplos cercanos», declara Samia Chabani a Yabiladi. Para ello, se retratan a decenas de mujeres de diferentes generaciones, encarnando esta acción colectiva en los barrios populares a través de la prevención contra las drogas, el apoyo social y económico, así como el trabajo sobre las situaciones conyugales. Samia Chabani Samia Chabani describe la presencia de «una generación de hijas de la inmigración, con un abanico de trayectorias». «La realización de esta exposición, producida por Ancrages en colaboración con los Archivos Departamentales de Bocas del Ródano, muestra que las cuestiones que aborda siguen siendo actuales», nos comenta la socióloga. Así, inscribe su iniciativa «en un momento de reflexión colectiva en la intersección de las luchas feministas, la contribución de las marsellesas herederas de la inmigración y el reconocimiento del compromiso como pilar de la emancipación». Desde hace tiempo, Samia Chabani observa que «los relatos públicos sobre las migraciones invisibilizan los compromisos femeninos en la esfera cívica, cultural y social». Con su exposición, busca «superar la imagen reduccionista» que limita a las primeras generaciones de esta inmigración a una movilidad guiada por los reagrupamientos familiares. Se trata, así, de restituir la fuerza de una voz arraigada en los barrios populares, donde «la acción asociativa a menudo ha sido un laboratorio de ciudadanía y del poder de acción de las mujeres». Fatima Rhazi, una de las figuras de la emancipación en Marsella En Marsella, Samia Chabani recuerda que «las mujeres migrantes o descendientes de inmigrantes son numerosas, provenientes de Marruecos, Argelia y Túnez, pero también de varios otros países». Por ello, quiso «reconstruir trayectorias de compromiso para valorarlas y mostrar que han estado presentes en la iniciativa pública y asociativa», a lo largo de las décadas. «He querido retomar el enfoque de las mujeres migrantes activas en el apoyo a la escolarización para mujeres y niñas, la autonomía económica, la lucha contra las violencias sexistas y sexuales, en un cruce de estos compromisos en Francia con los países de origen, especialmente en lo que respecta a reformas como la del Código de Familia». Samia Chabani Entre los ejemplos recogidos en la exposición destaca el de Fatima Rhazi, activista asociativa marroquí, deportista de alto nivel y primera mujer fotógrafa en Marruecos. Nacida en Uxda en 1956, llegó a Francia en 1987 para impedir que su familia política obtuviera la custodia de su hija. Fatima Rhazi «La situación me obligó a huir para que no me quitaran a mi hija. Es una historia tan dolorosa... Incluso mis derechos de madre fueron pisoteados. Afortunadamente, la Moudouana, el Código marroquí de la familia, ha avanzado desde entonces», escribe Fatima Rhazi en su testimonio. En Francia, la activista se convierte en animadora en el centro social Belsunce, donde descubre nuevas formas de miseria. La necesidad de retomar su actividad de fotógrafa le parece evidente, aprovechando «la riqueza de los trajes tradicionales para realizar retratos». En 1994, funda la asociación Mujeres de aquí y de allá, con el objetivo de «desarrollar acciones de inserción socioprofesional dirigidas a las mujeres». Hoy, reconoce haber logrado su inserción profesional «aprovechando [sus] recursos y [su] cultura». «Mi acción siempre ha tenido como principio acompañar hacia la autonomía, no hacer cautivos a los públicos para justificar la obtención de subvenciones. En nuestra cultura, se nos invita a buscar el conocimiento desde la cuna hasta la tumba», escribe nuevamente Fatima Rhazi, ilustrando el argumento de Samia Chabani sobre la importante visibilización de los recorridos de las primeras migrantes. Enriquecer la sociología de la inmigración de mujeres En esta perspectiva, la socióloga propone un «amplio panel de mujeres, que no todas se reivindican como feministas, pero que reflejan esta diversidad y un legado de compromiso público». «Desde la primera exposición, algunas se han convertido en adjuntas de alcaldes. Veinte años después, son cada vez más conocidas y el objetivo es destacar también el camino recorrido», nos dice. Para Samia Chabani, estos relatos son también un desafío a las diversas «formas de exclusión y estigmatización», enriquecidas por la invisibilización de las mujeres marroquíes y magrebíes migrantes «incluso en los estudios sociológicos». Más que una deconstrucción de un discurso dominante y victimista, la socióloga ha querido «modificar las representaciones sobre las mujeres llegadas o nacidas en Francia, hablando de las restricciones y los logros». Samia Chabani también ha querido llevar «un discurso positivo sobre aquellas que se reivindican de un legado de sus países de origen y que llevan a cabo luchas igualitarias a partir de sus pertenencias culturales y religiosas». Para ella, esta evolución y esta diversidad ilustran hasta qué punto «no hay un único modelo de feminismo, sino un feminismo plural que nutre los movimientos sociales en Francia, en una dinámica de lucha por los derechos humanos y en una convergencia de luchas».