Antes de que Brahim Takioullah hable de sus récords mundiales en el Libro Guinness o de sus experiencias en el cine y los medios, aborda las miradas de los demás, la dificultad de encontrar calzado adecuado y los esfuerzos de adaptación a un mundo que no está diseñado para alguien que mide 2,46 metros. Desde Guelmim hasta Francia, ha forjado su resiliencia, lejos de cualquier extrapolación. DR ‹ › Cada vez que Brahim Takioullah sale a la calle, sabe que atraerá todas las miradas. Algunos transeúntes le piden una foto, mientras que otros lo observan con curiosidad. Para él, esto es parte de su rutina diaria. Con sus 2,46 metros de altura, vive de manera diferente, pero aborda la vida con una simplicidad que refleja su visión personal. En su último año de colegio, Brahim, originario de Guelmim, notó que crecía a un ritmo mucho más rápido que sus compañeros. Al principio, él y su familia pensaron que era algo natural que eventualmente se detendría. Sin embargo, los exámenes médicos revelaron una secreción excesiva de la hormona del crecimiento. Al llegar a la universidad, ya medía 2,46 metros, lo que transformó su realidad cotidiana. Desde el principio, Brahim Takioullah decidió enfrentar su situación con serenidad, sin aislarse ni dramatizar. Confiesa a Yabiladi: «Nunca he visto mi cuerpo como una carga o un enemigo, sino como un amigo». Ha trabajado para convertir su soledad en algo positivo. Tras obtener el bachillerato, se mudó a Francia en enero de 2007 para reunirse con su madre y continuar sus estudios. Esto marcó el inicio de una nueva etapa llena de desafíos y oportunidades. «Si salgo a la calle y nadie me mira o se toma una foto conmigo, lo encuentro extraño y pienso: ¿He encogido?» Conducir... Un sueño obstaculizado por equipos especiales costosos Uno de los mayores retos para Brahim Takioullah ha sido encontrar calzado y ropa de su talla. Tanto en Marruecos como en Francia, la búsqueda ha sido ardua y costosa. Una empresa le pidió 3.000 euros por unos zapatos a medida, un precio inalcanzable para él. Sin embargo, un patrocinador en Alemania le ofreció su apoyo, fabricándole zapatos adaptados y ayudando a otros en situaciones similares. En cuanto a la ropa, Brahim cuenta con sastres en Casablanca que confeccionan sus prendas y se las envían a Francia, aliviando así los costos. El mayor desafío ha sido conducir. Aunque aprobó el examen teórico, no pudo pasar la prueba práctica. Adaptar un coche a su tamaño requiere un equipo especial valorado en unos 550.000 dirhams, además de complejos trámites administrativos que requieren aprobación ministerial. Incluso en sus desplazamientos diarios, Brahim suele reservar billetes de tren en primera clase o asientos delanteros en aviones para tener suficiente espacio. A pesar de estas dificultades, las afronta con una actitud positiva: «Cada vez que me enfrento a una dificultad, busco una solución. No intento complicar las cosas o compadecerme de mí mismo», nos dice. Guinness, el reconocimiento mundial El apoyo de su familia y amigos ha sido fundamental en su vida. En este entorno acogedor, nunca se ha sentido diferente, y los extraños se acostumbran rápidamente a su apariencia. Este equilibrio también se ha reflejado en su carrera, donde ha encontrado en los medios y el arte un espacio de expresión. Al llegar a Francia, trabajó con Canal+ en «Le Grand Journal», participando en sketches cómicos. Este fue un trampolín hacia otras apariciones públicas. Brahim ha participado en varios proyectos cinematográficos en Francia y Bélgica, como Chocolat y Alad'2 junto a Jamel Debbouze, así como en Kandisha y Apnée, además de la serie Hero Corp y apariciones teatrales. Sin embargo, las ofertas disminuyeron durante y después de la pandemia de Covid-19. En 2011, Guinness World Records lo contactó. Un equipo se desplazó a su casa para verificar personalmente sus medidas. Fue reconocido como el segundo hombre más alto del mundo, después del turco Sultan Kösen (2,51 m). Este título le abrió puertas para participar en eventos internacionales junto a otros poseedores de récords.