Varios aspectos del pasado común entre Marruecos y España son conocidos. Sin embargo, la gran contribución del reino jerifiano a la abolición de la esclavitud en el país ibérico rara vez se menciona. Yabiladi revisita este episodio, el de uno de los mayores mercados históricos de esclavos en España: Huelva. La provincia de Huelva acapara actualmente la atención de los medios tanto en España como en Marruecos. El motivo es el escándalo conocido como Huelva Gate, que ha revelado el trato inhumano que sufren las temporeras marroquíes en los campos de fresa de esta región del sur de España. Su sufrimiento, que parece una ilustración de la esclavitud moderna, fue denunciado a Yabiladi por una de las víctimas con quien pudimos conversar. El escándalo ha generado incomodidad en los gobiernos de ambos países. El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) ha expresado su pleno apoyo a las temporeras marroquíes que han denunciado presuntas agresiones sexuales. Su portavoz en Huelva, José Antonio, explicó a Yabiladi que este problema ha afectado a la región durante años. La explotación de estas trabajadoras marroquíes se remonta a la época en que se firmaron los primeros contratos de colaboración entre la Agencia Nacional de Promoción del Empleo y las Competencias (ANAPEC) y el Ministerio de Trabajo español. Estas temporeras afirman estar atrapadas en un sistema de servidumbre, trato inhumano y esclavitud. José Antonio comentó a Yabiladi que este asunto reabre una herida histórica que data de la Edad Media. De hecho, nuestro interlocutor nos recordó que hace apenas cinco siglos, la gran plaza de la ciudad de Huelva era uno de los mayores «zocos» de la península, donde se comerciaba con esclavos. Esclavos de África subsahariana y Marruecos Aunque España nunca igualó el comercio de esclavos de ingleses o portugueses, el imperio español abasteció durante mucho tiempo de esclavos a gran parte de América Latina. Para este comercio humano, también se abasteció en el norte de África y en África subsahariana. Así, España fue el último país europeo en abolir la esclavitud en 1886. En un estudio titulado «La esclavitud en Huelva y en Los Palos a finales del siglo XVI», el escritor Julio Izquierdo Labrado analiza las principales características de este fenómeno. Marruecos fue considerado por el imperio como uno de sus proveedores. Sin embargo, por razones económicas, España optó durante mucho tiempo por los esclavos provenientes de África subsahariana. Aunque los españoles preferían a los esclavos «negros» por su «docilidad y capacidad para trabajar», entre otras razones, muchos de origen marroquí fueron vendidos en la península. A finales del siglo XVI, según el investigador Labrado, el país contaba exactamente con 3,617 esclavos, de «color mulato» o de «condición bereber», como se describía en la época. Fueron marcados a fuego, con las inscripciones S.I, «sine iure» (sin derechos). En cuanto al género, parece que no hubo realmente una preferencia, hombres y mujeres eran valorados de la misma manera. Sin embargo, las mujeres fueron ligeramente más numerosas (54.2%). Fueron destinadas a tareas domésticas, en la cocina o a algunos trabajos delicados, para los cuales sus compradores consideraban que la morfología femenina era más adecuada. La recolección de fresas ha sido parte de esas tareas desde entonces. Por otro lado, es innegable que estas mujeres también y principalmente fueron escogidas como concubinas para sus amos. En aquella época, el derecho de pernada ya estaba extendido. Los señores eclesiásticos podían mantener relaciones sexuales con sus sirvientas, con o sin el consentimiento de estas. El curioso detalle que destaca Juan Izquierdo Labrado es que estas mujeres fueron rebautizadas como María, Isabel o Ana. Entre los hombres, algunos también vieron sus nombres cambiados, pero la práctica fue menos común con los esclavos provenientes de las costas norteafricanas. Un cambio de nombre también implicaría una conversión al cristianismo. Asadun, el esclavo de El Jadida Este es el caso, en particular, de Asadun, un esclavo de origen marroquí que, según numerosos historiadores, fue el último esclavo vendido en Huelva. Asadun era originario de El Jadida (conocida como Mazagan en aquella época). Fue capturado y encarcelado en la prisión de Tarifa. Su «amo», un tal Juan Dorantes, lo compró por 40 reales españoles. Asadun fue considerado durante mucho tiempo como la horripilante imagen de la esclavitud en España. Sus repetidas fugas y su valentía fueron comentadas por sus semejantes e incluso en los más altos rangos. La hegemonía del imperio español (siglos XVI - XIX) no hizo más que alimentar este comercio, sobre el cual la economía nacional terminó basándose. Aunque el año 1866 se considera como el de la abolición oficial de la esclavitud, bajo la presión inglesa, la práctica continuó y su erradicación atravesó varias etapas. En gran medida, esta abolición se logró gracias a la intervención del reino jerifiano. En 1766, un siglo antes de la entrada en vigor de la decisión, el sultán marroquí Mohammed Ben Abdallah (1757 - 1790) permitió poner fin a la esclavitud de personas originarias del norte de África. Enfrentado con España y Portugal, envió a su embajador para comprar y repatriar a todos los esclavos musulmanes en Barcelona, Sevilla y Cádiz, convirtiéndolos finalmente en seres humanos libres, disfrutando de su plena libertad y de su dignidad, largamente robada.