En Marruecos, la cuestión de la herencia ha vuelto al centro del debate público. La reforma en curso del Código de la Familia ha reavivado una discusión antigua pero siempre explosiva: la de la igualdad entre mujeres y hombres en el reparto de bienes. Sin embargo, aunque algunos esperaban que esta reforma abriera un espacio de reflexión sobre este tema, las reacciones de la opinión pública muestran que el asunto sigue siendo profundamente divisivo. DR ‹ › Una reciente encuesta de opinión ha revelado las posturas de los jóvenes marroquíes sobre el tema de la herencia, y los resultados no dejan lugar a dudas: el 77% de los jóvenes encuestados se opone a la igualdad en la sucesión. Lo que resulta aún más sorprendente es que una abrumadora mayoría de mujeres comparte esta opinión: el 75% de las encuestadas está en contra de la igualdad en materia de herencia. ¿Cómo se explica que tantas mujeres apoyen un sistema legal que les otorga una porción menor que a los hombres? Para comprender esta paradoja, es esencial analizar los mecanismos que perpetúan un sistema de desigualdades a lo largo del tiempo. Toda dominación duradera debe encontrar su legitimidad en una autoridad superior. Históricamente, el racismo ha sido utilizado para justificar la esclavitud, mientras que el colonialismo se ha basado en la idea de una «misión civilizadora». En el caso de las desigualdades sucesorias, la legitimación a menudo se atribuye a ciertas interpretaciones de las tradiciones culturales y religiosas del país. Sin embargo, las normas que rigen la herencia hoy no son simplemente mandatos atemporales; son el resultado de interpretaciones humanas, desarrolladas en contextos históricos específicos y frecuentemente moldeadas por estructuras patriarcales. Entre religión y tradición A lo largo del tiempo, estas interpretaciones han dado lugar a un sistema donde la tradición se aplica de manera selectiva. En muchos aspectos de la vida pública, como la economía, la administración o las transacciones comerciales, las reglas modernas de inspiración laica son ampliamente aceptadas. Pero cuando se trata de relaciones familiares y de los vínculos entre mujeres y hombres, se invoca la referencia religiosa como un principio inmutable. Esta distinción no es neutral. Crea un mundo donde lo masculino se asocia con la modernidad y la evolución, mientras que lo femenino se remite a una tradición inmutable. Los hombres pueden evolucionar con su tiempo; las mujeres, en cambio, estarían condenadas a representar el «eterno femenino». Esta lógica no siempre escapa a quienes son sus principales víctimas. Las normas sociales y culturales a menudo se interiorizan y se reproducen, a veces en nombre del respeto a las tradiciones. Lo que algunos llaman «preservar la cultura» puede significar, en términos concretos, mantener una organización social en la que las mujeres continúan asignadas a roles domésticos y a una posición subordinada. Las reglas legales de la herencia reflejan esta visión. La regla del tafadol generalmente otorga al heredero masculino una parte doble de la de la heredera. La regla del taâssib permite que miembros masculinos de la familia extensa, como tíos o primos, reclamen una parte de la herencia cuando un difunto solo deja hijas. En cuanto a las tierras colectivas, conocidas como Soulaliyates, su explotación sigue estando a menudo reservada a los jefes de familia masculinos, aunque las mujeres puedan beneficiarse de ellas indirectamente en algunas ocasiones. Sucesiones y sistemas familiares Detrás de estas reglas también se esconde una lógica económica antigua. En muchas sociedades, las mujeres han sido vistas como un riesgo para la integridad del patrimonio familiar. Al casarse, se suponía que se unían a otra familia y podían así contribuir a dispersar los bienes. Para evitar esta fragmentación, los sistemas sucesorios han favorecido durante mucho tiempo a los herederos masculinos, considerados como los garantes de la continuidad patrimonial. Sin embargo, la sociedad marroquí actual ya no es la de antaño. Las mujeres están cada vez más presentes en la educación superior, en el mercado laboral y en la vida económica. Contribuyen a los ingresos familiares y participan en la construcción del patrimonio. En este contexto, la cuestión de la herencia trasciende el ámbito legal. Cuestiona las relaciones de poder, las representaciones sociales y el lugar que la sociedad marroquí desea otorgar a las mujeres. El debate está lejos de concluir. Pero algo es seguro: detrás de la defensa de las tradiciones también se juega la cuestión, más profunda, de la igualdad.