Presionados por un contexto geopolítico internacional cada vez más desfavorable, Argelia y el Polisario parecen flexibilizar sus posturas sobre la cuestión del Sáhara Occidental. Análisis. DR ‹ › El gobierno argelino ha decidido enviar a su ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, a las conversaciones programadas para este domingo 8 de febrero en Madrid, centradas en la cuestión del Sahara Occidental. Esta participación resulta sorprendente, dado que Argelia ha mantenido reiteradamente su postura de no involucrarse en estas negociaciones, insistiendo en que «no es parte interesada» en el conflicto. Argelia ha defendido durante mucho tiempo la necesidad de «negociaciones directas entre Marruecos y el Frente Polisario». Esta posición fue reafirmada incluso después de que el Consejo de Seguridad adoptara la resolución 2797 el pasado 31 de octubre. En esa ocasión, Ahmed Attaf llegó a proponer una «mediación entre las dos partes directamente involucradas» en el conflicto. No solo Argelia ha mostrado un cambio en su enfoque respecto al Sahara Occidental. El Frente Polisario también ha dado un giro significativo. El pasado jueves, una delegación del movimiento se reunió en España con representantes del PSOE en el Parlamento de la Comunidad Autónoma de Madrid. Este encuentro también genera interrogantes, especialmente porque el Polisario había anunciado en abril de 2022 «la suspensión de todo contacto con el actual gobierno español», particularmente con los miembros del PSOE. Esta decisión se basaba en «el apoyo del gobierno de Sánchez al plan marroquí para legitimar la anexión por la fuerza de las tierras del Sahara Occidental y negar los derechos inalienables del pueblo saharaui a la autodeterminación y la independencia». La mano de Estados Unidos Estos cambios simultáneos en las posturas de Argelia y el Polisario se producen en un contexto geopolítico caracterizado por la creciente presión de Estados Unidos sobre estos dos aliados. El 7 de enero, el presidente Abdelmadjid Tebboune recibió en Argel al asesor especial del presidente Donald Trump para asuntos africanos y árabes, Massad Boulos. Poco después, el 23 de enero, una delegación del Frente se desplazó a Washington. En esa ocasión, un alto funcionario de la administración Trump reafirmó el marco de las negociaciones, es decir, el plan de autonomía para el Sahara Occidental bajo soberanía marroquí. Esta postura fue reiterada oficialmente por Estados Unidos el 26 de enero, durante una reunión del Consejo de Seguridad. Paralelamente a estos recordatorios diplomáticos, Washington ha endurecido su postura hacia Argelia y el Polisario. Esto se evidencia en las amenazas públicas formuladas el 3 de febrero contra Argelia por Robert Palladino, jefe de la Oficina de Asuntos del Cercano Oriente en el Departamento de Estado estadounidense, durante una audiencia ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Este funcionario justificó esta firmeza por las compras de armamento ruso realizadas por Argelia, especialmente los aviones de combate Su-35 y Su-57 recientemente entregados. Cabe recordar que el actual jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, había defendido, en septiembre de 2022, entonces senador republicano, el mismo proyecto en una carta dirigida a Antony Blinken. Por su parte, el senador republicano Ted Cruz, durante la misma sesión del 3 de febrero, señaló los vínculos entre el Polisario e Irán. «Las actividades terroristas en el Sahel también son obra del Polisario, lo que constituye una laguna importante en nuestra estrategia antiterrorista», enfatizó. Ted Cruz además anunció, en declaraciones a los medios, que estaba impulsando una iniciativa en el Senado para designar oficialmente al Frente Polisario como organización terrorista extranjera. Más allá de los gestos y declaraciones, estos movimientos convergentes reflejan un estrechamiento del marco diplomático impuesto por Washington. Al recordar públicamente sus líneas rojas, Estados Unidos reduce los márgenes de maniobra tanto del Polisario como de Argelia. La presencia de Ahmed Attaf en Madrid, así como la reanudación de contactos políticos del Frente en España, aparecen como ajustes tácticos ante una relación de fuerzas internacional cada vez más explícita.