Dos noticias falsas sobre Marruecos, provenientes de la misma agencia pública, se difundieron a nivel internacional en menos de 48 horas: en Nigeria, una secuencia que expone brutalmente las fallas de un sistema mediático bajo presión. DR ‹ › Desde el anuncio el 17 de marzo de la victoria de Marruecos sobre Senegal en los despachos, dictaminada por el jurado de apelación de la Confederación Africana de Fútbol, una ola de desinformación ha inundado rápidamente el ecosistema mediático nigeriano. El primer episodio de esta saga comenzó con la agencia de prensa pública News Agency of Nigeria, que difundió un rumor, como documentó Yabiladi. Este rumor afirmaba que Marruecos había abandonado el campo durante un partido contra Guinea en la CAN de 1976. A pesar de haber sido desmentido por archivos históricos y por medios como Yabiladi, TV5Monde y Al Mountakhab, el bulo fue replicado sin verificación por la prensa nigeriana y más allá. Pero la oleada de desinformación no se detuvo ahí. Menos de 48 horas después, la misma agencia difundió una falsa declaración atribuida a Achraf Hakimi, afirmando que el capitán marroquí había rechazado el título continental en favor de Senegal. En cuestión de horas, la noticia fue recogida por varios medios nigerianos, como PM News Nigeria, The Sun, The Nigerian Observer y Peoples Gazette Nigeria. El rechazo del título de la CAN por parte del Capitán de Marruecos Hakimi, en solidaridad con Senegal, es uno de los eventos más significativos, notables e históricos en la historia del fútbol. — Senator Shehu Sani (@ShehuSani) March 21, 2026 En cuestión de horas, el rumor pasó de ser un simple despacho a convertirse en un hecho compartido y validado por figuras públicas. El senador Shehu Sani, con 2,3 millones de vistas en X, y el comunicador Bashir Ahmad, quien se presenta como cercano al fallecido presidente Muhammadu Buhari, también difundieron esta falsa información, amplificando el revuelo. El rumor cruzó rápidamente las fronteras nigerianas, siendo replicado en Ghana, Kenia, Zimbabue e incluso en Benín, donde varios medios lo publicaron sin verificación previa. La noticia falsa también se exportó fuera de África, llegando a países como Turquía, Uzbekistán, República Checa y Vietnam. Hakimi nunca se pronunció sobre el tema Una secuencia clásica: un despacho de la agencia nigeriana, repetido en cascada por los medios, validado socialmente por figuras públicas y propagado más allá de las fronteras. Una verificación elemental habría sido suficiente para detener la cadena. Si el primer bulo consistió en una reescritura histórica, el segundo es una fabricación pura basada en declaraciones que supuestamente habría hecho Achraf Hakimi. No hay ningún elemento que respalde esta supuesta declaración. Ni publicación oficial, ni entrevista, ni rastro verificable. La cita, repetida palabra por palabra por varios medios, es completamente fabricada, sin fuente ni origen identificable. Una simple consulta de las cuentas oficiales de Achraf Hakimi en las redes sociales basta para constatar la ausencia total de declaraciones en este sentido. Sin embargo, cada uno de los medios que repitieron el rumor entró en detalles inventados de la nada: «Mi madre me dijo que rechazara el trofeo de la Copa Africana de Naciones. Lo rechazo oficialmente, y espero que mis compañeros de equipo hagan lo mismo.» Un problema sistémico Esta secuencia recuerda la mecánica ya observada en torno a la falsa polémica sobre la CAN de 1976: medios, a veces reputados, difunden una información no verificada sin remontarse a la fuente primaria. Una falla aún más impactante cuando afecta a una agencia de prensa pública, supuesta a desempeñar un papel de referencia. En Nigeria, esta doble falla en menos de 48 horas de la agencia de prensa nacional llama la atención. Es aún más crítica porque proviene de una agencia pública, cuya función es precisamente filtrar y garantizar la fiabilidad de la información. Ya sea por un fallo editorial o una carrera por la viralidad, el resultado es el mismo: informaciones no verificadas, avaladas por una fuente oficial, son tratadas como hechos. En esta secuencia, la credibilidad ya no se basa en la prueba, sino en el origen del mensaje. Un despacho basta ahora para fabricar una realidad, repetida, amplificada, luego integrada como un hecho, en un espacio informativo cada vez más interconectado y poco equipado contra la infodemia.