La última Encuesta Nacional de la Familia del HCP revela evoluciones sociales profundas, que requieren políticas públicas adaptadas. Entre la nuclearización, la disminución de la natalidad y el aumento del divorcio o la soltería, la socióloga Soumaya Naamane Guessous arroja luz sobre lo que dicen las cifras acerca de estos cambios. DR ‹ › En una generación, la estructura familiar en Marruecos ha sufrido cambios significativos. Aunque el modelo familiar sigue siendo un pilar de la sociedad, entre 1995 y 2025, ha evolucionado hacia una configuración más nuclear, reduciéndose tanto en tamaño como en diversidad generacional. La Encuesta Nacional sobre la Familia (ENF), publicada la semana pasada por el Alto Comisionado del Plan (HCP), subraya el impacto de las dinámicas demográficas en lo que se describe como una «reconfiguración progresiva». Los datos muestran una disminución en el tamaño promedio de los hogares, de 4,6 personas en 2014 a 3,9 en 2024. Además, se observa un incremento en la feminización de la jefatura del hogar, que pasa del 16,2% al 19,2% en este periodo, junto con un notable envejecimiento demográfico, alcanzando un 13,8% de personas mayores en 2024, frente al 9,4% de una década antes, según el HCP. Asimismo, se evidencia un aumento en el número de parejas sin hijos, que asciende al 9,4% en 2025, comparado con el 3,4% en 1995 (+6%). La encuesta también revela que el 51,7% de los adultos solteros no desean casarse, en contraste con el 40,6% que sí lo considera. Por género, el 53,6% de las mujeres aún valoran el matrimonio, en comparación con el 31,5% de los hombres. Un cambio en las percepciones La socióloga Soumaya Naamane Guessous, en declaraciones a Yabiladi, destaca la importancia de interpretar estas tendencias dentro del contexto económico y social global. Según ella, estas cifras son el resultado de cambios iniciados mucho antes de los años de comparación, 1995 y 2025. Tras seguir estos cambios desde los años 80, la investigadora percibe estos resultados como una evolución lógica. «El aumento del celibato debe entenderse en el contexto de que, durante mucho tiempo, las niñas se casaban muy jóvenes, incluso desde la pubertad. Los chicos lo hacían poco después», analiza la socióloga. Según ella, «la noción moderna de adolescencia ahora se tiene en cuenta. Además, la educación y la formación contribuyen a la autonomía». «Hoy en día, se considera ideal casarse a una edad más avanzada que hace 30 años. Para las mujeres, el promedio es de cerca de 27 años y para los hombres, alrededor de 31 años», añade, aunque aclara que «el matrimonio sigue siendo visto como idílico por las mujeres». «Esto se explica por la representación que las jóvenes tienen del amor. Quieren elegir a su pareja ideal. Con el tiempo, ajustan sus expectativas en una sociedad que ve con malos ojos el celibato femenino», explica Soumaya Naamane Guessous. Menciona la desilusión que sigue y que puede llevar a separaciones o divorcios, a menudo iniciados por las mujeres. «Por su parte, los hombres se casan más tarde. Antes de eso, pueden satisfacer sus necesidades sexuales. La percepción del matrimonio también varía según las representaciones sociales. Para las mujeres, es una promoción y una felicidad encontrada. Para los hombres, se asocia con una noción de finitud. Otro factor importante es que casarse ahora es costoso. Estamos apegados al esplendor y las apariencias.» Soumaya Naamane Guessous Factores económicos y sociales Para Soumaya Naamane Guessous, las condiciones económicas del matrimonio han aumentado, con expectativas cada vez mayores. Otro aspecto, según la socióloga, es que «las parejas jóvenes también piensan en la educación de sus hijos y con qué medios, sabiendo que a veces representa hasta el 60-70% del presupuesto familiar». «La pobreza, los bajos salarios y el escaso poder adquisitivo han existido durante mucho tiempo, ciertamente. Pero si las parejas son más reticentes a tener hijos, también es porque no confían en que el Estado garantice una educación de calidad.» Soumaya Naamane Guessous La socióloga cree que esta dimensión «contribuye directamente al aumento de la edad del matrimonio y a la decisión de tener uno o ningún hijo». Al abordar otro factor socioeconómico, la investigadora destaca «la evolución de los precios del oro, que limita cada vez más los presupuestos previstos para este fin», entre otras razones. Mencionando el contexto internacional, Soumaya Naamane Guessous señala que «el entorno global afecta el sentido de seguridad de los jóvenes adultos y los hace reflexionar sobre sus elecciones de vida. La atmósfera general está teñida de pesimismo, con guerras y precios en alza, lo que hace que vivan en un mundo más conectado pero menos seguro», afirma la especialista. También destaca una evolución en los hábitos de consumo que favorece el ocio, los viajes y los productos de uso diario, incluso para los niños, lo que representa cargas adicionales. «Antes, tener hijos era visto como un retorno de inversión, a través del reconocimiento. Hoy, los padres saben que sus hijos necesitarán un acompañamiento más prolongado, dadas las dificultades y los factores mencionados», explica Soumaya Naamane Guessous. «Pocos niños tienen actualmente la posibilidad de hacerse cargo financieramente de sus padres. Se podría decir que se han vuelto individualistas, pero en realidad es su ritmo de vida el que se ha vuelto más exigente.» Soumaya Naamane Guessous Las mujeres acumulan más responsabilidades La socióloga señala que en esta dinámica, las mujeres aspiran cada vez más a un modelo de vida «en el que el hombre marroquí aún no está listo para involucrarse, es decir, la distribución de roles: los hombres comienzan a contribuir en las tareas domésticas, pero aún son pocos». Por su parte, «las jóvenes a veces están exaltadas y tienden a desafiar, lo que algunos jóvenes ven como una afrenta a su masculinidad, de ahí la necesidad de un diálogo sereno dentro de la pareja», explica la especialista. Así, Soumaya Naamane Guessous subraya la evolución del estatus de las mujeres en la sociedad marroquí, que no siempre acompaña este impulso. «Aunque no trabajen fuera del hogar, son activas porque asumen responsabilidades masculinas», dice ella. «Con la nuclearización de las familias, ya no tienen ayuda familiar o cercana. Cuando una madre también trabaja fuera, la situación se vuelve aún más delicada», destaca la investigadora. Según ella, las mujeres «han entrado en la modernidad, pero el entorno y las infraestructuras básicas no las acompañan». En este contexto, Soumaya Naamane Guessous considera «necesario» que las políticas públicas se adapten a estas evoluciones.