Tras un primer artículo publicado en noviembre dedicado a la cuestión del Sahara, Christopher Ross vuelve a la carga con otro análisis. Esta toma de posición ocurre mientras el movimiento de Brahim Ghali enfrenta presiones de la administración Trump para involucrarse en un marco de discusiones basado en el plan de autonomía propuesto por Marruecos para el Sahara Occidental. DR ‹ › Christopher Ross, ex enviado personal del secretario general de la ONU para el Sahara Occidental, advierte sobre el riesgo de que el proceso político vuelva a estancarse. En un artículo de opinión, el diplomático estadounidense destaca que, aunque la administración Trump logró avances diplomáticos tras años de parálisis, la nueva dinámica de las conversaciones podría desembocar en otro bloqueo si no se resuelve la crucial cuestión de la autodeterminación del pueblo saharaui. Ross señala que la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada el 31 de octubre, ha transformado profundamente el marco de las negociaciones. Explica que Estados Unidos ha tomado la iniciativa de reactivar las discusiones, situando al enviado personal del secretario general de la ONU para el Sahara Occidental, Staffan de Mistura, como co-patrocinador del proceso. Este cambio refleja un nuevo paradigma, con Washington asumiendo un papel de liderazgo en el dossier. Presiones crecientes sobre el Polisario Este renovado impulso diplomático ha propiciado encuentros discretos durante los primeros meses de 2026, reuniendo a las cuatro partes implicadas: Marruecos, Argelia, el Polisario y Mauritania. Sin embargo, Ross advierte que este nuevo marco de discusión plantea varias cuestiones fundamentales. Subraya que la resolución 2797 adopta un enfoque basado en la propuesta de autonomía presentada por Marruecos, marcando un cambio significativo respecto a las posiciones anteriores del Consejo de Seguridad. No obstante, el texto mantiene un principio esencial del derecho internacional: la necesidad de una solución política que garantice la autodeterminación del pueblo del Sahara Occidental. Para Ross, este equilibrio refleja la contradicción fundamental que sostiene el conflicto. Marruecos aboga por un régimen de autonomía bajo su soberanía, mientras que el Polisario exige un referéndum de autodeterminación. Esta discrepancia ha paralizado las negociaciones durante décadas. Según Ross, la fase actual de las negociaciones ejerce una presión significativa sobre el Polisario. Estados Unidos, comprometidos a seguir la resolución 2797, descartan cualquier alternativa a la propuesta marroquí. Así, el Polisario se ve obligado a participar en un proceso cuyo punto de partida contradice su posición histórica. El ex enviado de la ONU reconoce que aceptar este marco podría ser especialmente difícil para un movimiento que lleva casi medio siglo reivindicando el derecho a la independencia. Una participación pragmática del Polisario considerada No obstante, Ross sugiere que el Polisario podría adoptar un enfoque pragmático, participando en las negociaciones sin prejuzgar su resultado. Esta estrategia seguiría el principio diplomático de que «nada está acordado hasta que todo esté acordado». Esto permitiría mantener el proceso político abierto mientras se continúa defendiendo el principio de autodeterminación. Según el diplomático, esta cuestión sigue siendo el verdadero nudo del problema. Advierte que cualquier acuerdo deberá contar con el apoyo de una mayoría de saharauis, ya sea que vivan en los territorios administrados por Marruecos o en los campamentos de refugiados de Tinduf. Un acuerdo que no obtenga este consentimiento corre el riesgo de ser cuestionado y de reavivar las tensiones sobre el terreno. Ross subraya además que un compromiso duradero deberá ir acompañado de sólidas garantías internacionales para asegurar su implementación y establecer un clima de confianza entre las diferentes partes. El ex diplomático estadounidense considera que la dinámica actual representa un avance significativo tras años de estancamiento, pero sigue siendo extremadamente frágil. La dificultad de conciliar negociaciones centradas en un régimen de autonomía con el derecho de un pueblo a decidir su futuro político representa una ecuación particularmente compleja. «A falta de llegar a una fórmula que concilie autonomía sustancial y autodeterminación, aceptable para todas las partes, el proceso podría rápidamente caer en un nuevo impasse diplomático», concluyó.